El principal objetivo de la educación es
formar alumnos que aprendan de una manera dinámica por medio de estrategias,
las cuales les facilitaran el aprendizaje de forma más significativa, poniendo
énfasis en los recursos necesarios para el desarrollo de las estrategias
educativas. Y si bien se sabe existen diversas estrategias, sin embargo es
necesario seleccionar la más adecuada dependiendo las características del
alumno. Por tal motivo, en este apartado se pretende hablar como a través del
juego se puede lograr que los niños aprendan.
En la etapa infantil el juego toma un papel de gran
importancia, facilitando el desarrollo de habilidades y destrezas. Además, en
la función educativa, el juego estimula el desarrollo intelectual de un niño,
permitiéndole hacer juicios sobre su conocimiento propio al solucionar
problemas, y por ende, aprende a estar atento a una actividad. Así mismo,
desarrolla su creatividad e inteligencia ante la curiosidad por descubrir
nuevas cosas. Lo cual permite también, que en la realización de lecciones o
actividades que aprende, el niño este motivado a ejercitar sus ideas en
situaciones de la vida real. Debido a que el juego suele ser muy estimulante.
Cabe agregar que la relación entre juego y
educación se da desde el momento en el cual se limita "el juego
para", es decir, la finalidad de aplicar el juego; con que fines u
objetivos, dándole así una nueva definición como juego educativo.
El juego permite llegar al entendimiento de
conocimientos complejos, teniendo como objetivo un aprendizaje más completo y
competitivo. Por ello, "el juego destinado a", tiene por fin
lograr cierto objetivo, para lo cual, el utilizarlo en la educación permitirá
motivar al niño. Esto debido a que el juego con fines educativos permitirá que
la educación sea divertida y que se logre transmitir bien lo que se desea
enseñar. Considerando que el niño aprenderá de una forma más rápida y
entendible, en donde el docente lo ayudara a comprender como debe realizar
dicha actividad, basándose en estrategias adecuadas, las cuales lo llevaran generar
clases más activas. Por tal motivo la UNESCO señala que:
El juego constituye por lo demás
una de las actividades educativas esenciales y merece entrar por derecho propio
en el marco de la institución escolar, mucho más allá de los jardines de infantes
o escuelas de párvulos donde con demasiada frecuencia queda confinado. En
efecto, el juego ofrece al pedagogo a la vez el medio de conocer mejor el niño
y de renovar los métodos pedagógicos. [1]
Sin embargo, a pesar de esto, son métodos que no
son realmente utilizados en las escuelas en las que todavía se basan en los
métodos tradicionales, dejando en el olvido éste tipo de estrategias, por
seguir una rutina por la facilidad del método tradicional o porque
simplemente su imaginación es poca y no se da el tiempo necesario para formar
diferentes tipos de estrategias a través del juego.
Por otra parte, el considerar al juego dentro del
ámbito educativo para favorecer la enseñanza del niño, no es más, porque se
sabe que todos los niños juegan por simple naturaleza, por lo tanto Patricia M.
Sarle menciona: “el juego será el punto de partida para la educación pero, a la
vez, el pedagogo deberá limitarlo asignándole formas fijas hasta lograr su
desaparición,”[2] es decir, el juego dentro del ámbito educativo tiene que
tener un fin y para ello debe adecuarse y adaptarse al objetivo planteado que
se pretende lograr a través de él. Además, el juego tiene que ser el adecuado a
lo que el niño tiene que aprender. Donde se utilice un juego fácil de entender
por los niños.
Incluso, el juego didáctico es una estrategia que
se puede utilizar en cualquier nivel o modalidad educativa, sin embargo, el
docente lo utiliza muy poco esto debido a que, desconoce sus múltiples
ventajas. Además, el juego que posee un objetivo educativo, se estructura como
un juego reglado que incluye momentos de acción reflexiva y de simbolización de
lo vivido para el logro de objetivos de enseñanza curriculares, cuyo objetivo
último es la retención de los contenidos por parte del jugador. Así mismo, es
de suma importancia conocer las características que debe tener un juego para
que sea didáctico y manejar su clasificación para saber cuál utilizar, tomando
en cuenta los fines.
Cabe agregar que para aplicar el juego como
estrategia didáctica es necesario que el docente realice una planeación previa.
Puesto que es necesario determinar los objetivos a alcanzar, para así poder
adecuar dicha estrategia, de forma que la clase resulte agradable y cómoda
tanto para el docente como para los alumnos.
Y sobre la base de, enseñar jugando es una
estrategia que motiva, tanto al aprendizaje creativo como también al
aprendizaje significativo. De forma que la estrategia resulta atractiva y
motivadora, la cual capta la atención de los alumnos hacia la materia, bien sea
para cualquier área que se desee trabajar. Además, la importancia de esta
estrategia se enfoca en que no se debe enfatizar en el aprendizaje memorístico,
sino en la creación de un entorno que estimule a los alumnos a construir su
propio conocimiento, donde el docente pueda conducir al alumno progresivamente
hacia niveles superiores de independencia, autonomía y capacidad para aprender,
en un contexto de colaboración y sentido comunitario que debe respaldar y
acentuar siempre todas las adquisiciones.
Sobre la base de las consideraciones anteriores, se
puede decir que los niños jugando aprenden, debido a que adquieren nuevas
experiencias en la solución de problemas. Además los niños a través del juego
no sienten temor a equivocarse, sino más bien juegan y se divierten. De tal
forma que mientras para los niños es un juego, para los docentes, es una
estrategia de enseñanza.
[1] UNESCO. El niño y el
juego: Planteamientos teóricos y aplicaciones pedagógicas. París: UNESCO;
1980, p. 7
[2]M. Sarle, Patricia. Enseñar
el juego y jugar la enseñanza. Argentina: Paidós; 2006, p 8.